El fin de la tortura contra los alertadores/as de corrupción. 

Por Roberto Macías.

A finales de noviembre del año 2017, participé en las jornadas #Nomáscorrupción, organizadas por la asociación Corruptil. Fue mi primer encuentro con Lara Carrasco, destacada activista en la lucha contra la corrupción en España.  Un magno evento que sirvió para sensibilizar e informar a la sociedad del drama que vivimos las personas que alertamos actos de corrupción. Evoco este encuentro, pues sirvió para conectar a alertadores/as de corrupción de distintas regiones del país. Así nos conocimos muchas personas que, veníamos reclamando de forma aislada la aprobación de una ley integral que protegiera a las personas que cumplen con su deber cívico de informar/denunciar, la execrable  corrupción que desangra nuestras arcas públicas.
 

El acoso a los #whistleblowers. 

Durante mucho tiempo, las personas conocidas como  “whistleblower”,  levantamos la voz para denunciar que sufrimos vulnerabilidad, exclusión, marginación, estigmatización, persecución, acoso y tortura. Sin duda, una gran infamia que ocurre en un Estado que presume de su consolidada democracia.  ¿Democracia?  Desde mi humilde opinión,  no hay democracia posible si siguen represaliando a los alertadores/as de corrupción. Y es que, el alertador es una figura básica en cualquier democracia.

Llevo tiempo reflexionado sobre el “traje” que nos diseñan las mafias que denunciamos. Y debo ser contundente al señalarlo, se trata de tortura.  Debemos tener el valor de llamar a las cosas por su nombre y señalar sin medias tintas que, vivimos un proceso de tortura. Somos víctimas de malos tratos, tratos crueles, inhumanos y degradantes.
Quienes se ven denunciados, respaldados por la impunidad que les da el saber que nada les ocurrirá a ellos (suelen irse de rositas), comienzan un proceso de destrucción completa de la persona que les denunció: denuncias falsas contra el denunciante, acoso, despido, campañas de desprestigio, condenas kafkianas y un largo etcétera, Todo ello con un objetivo doble: dejarnos en una completa vulnerabilidad para robar nuestras fuerzas, recursos económicos y esperanzas, para mandar un mensaje perjudicial a la sociedad que no vale la pena denunciar y que no les ocurrirá nada. Buscan la destrucción completa del denunciante y la impunidad del corrupto.

 

La luz de la Directiva Europea 1937/2019

En este sombrío y devastador escenario, surge la luz a través de la Directiva Europea 1937/2019, relativa a la protección de las personas que informan de infracciones al Derecho de la Unión.  Es importantísima y trascendental la Directiva, pues supone el fin de la tortura contra los whistleblowers.  Las medidas aprobadas establecen unos canales protegidos de denuncias que prohíbe cualquier represalia contra quienes se atrevan a sacar a la luz irregularidades en empresas privadas y organismos públicos. Los denunciantes, tal como destaca la Comisión, tienen un rol fundamental en la investigación y sanción de quienes incumplen las leyes, y también ayudan a los periodistas a obtener información indispensable para hacer su trabajo.

Pero…. ¡atención! 

Sin embargo, nos falta dar el empujón final con la transposición de la Directiva al ordenamiento jurídico español.  Y debemos de estar preparados para sortear las trampas que nos pondrán en el camino, asegurándonos que la norma cumpla con los más altos estándares de la Directiva. Mi preocupación, no es una cuestión baladí, pues una interpretación sesgada de la Directiva no solo trasformaría su transposición al ordenamiento español en papel mojado, sino que podría conducir a una situación todavía peor para las personas que informan actos de corrupción y abusos, podría ampliarse las represalias sobre el alertador/a.

Espero que en un futuro cercano, los alertadores/as de corrupción, encontremos la tranquilidad y la paz que nos arrebataron. Confío que un día, recuperaremos nuestras vidas… Yo espero encontrar un empleo, que me permita ofrecerles un futuro digno a mis hijos y cubrir sus necesidades básicas. Pero sobre todo, espero ayudar a construir una sociedad más libre, transparente y democrática. Sueño con el fin de la tortura contra los alertadores/as de corrupción en el mundo.

 

Roberto Macías, Alertador del caso UGT A, Testigo de la Fiscalía Anticorrupción.

Activista. Whistleblower Mexicano-Español.

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